viernes 6 de noviembre de 2009

Los mejores discos de la década en el rock argentino

Expreso de agua (2006), Edelmiro Molinari: Músico inclasificable, valuarte oculto del rock argentino más genuino, el legendario líder de Color Humano logró en Expreso de agua su disco más representativo y accesible. A través de la asociación de composiciones nuevas (“Teta de amor”, “Para Jidu”, “Late late chocolate”; todos clásicos en potencia) con el rescate de viejas gemas reformuladas (el inesperado tinte político que adquiere “Mestizo”, “Amantes solitarios”, “El vuelo 144”), el guitarrista, tan blusero como psicodélico, inunda de buenas vibraciones, erigiendo un discurso “hippie” ajeno a imposturas oportunistas y armonizando el amor (a la tierra, a la mujer, a un hijo, ¡a una teta!, a cualquier cosa que puede considerarse vital) con el delirio esencial de sus míticas letras (escuchar “Mañana por la noche” o “Sílbame oh cabeza”). Un disco que puede escucharse mil veces sin cansar.

FlopaManzaMinimal (2003), Flopa Manza Minimal: He aquí un disco que, indudablemente, marcó época y será recordado en el futuro como el puntapié inicial de toda una escena. Fruto del azar (fue apuntalado económicamente por un fan) y la comunión artística entre tres buenos amigos, FlopaManzaMinimal es un templo de la canción de fogón moderna. Si el mundo fuese justo, aunque sea la mitad de estos temas habrían sonado incansablemente en la radio. Originales a la hora de componer (cierta crítica, en un claro exceso de pereza intelectual y asociación automática, llegó a compararlos con ¡PorSuiGieco!), tendientes a matizar ánimos destrozados y días grises, los tres músicos compusieron algunas de las mejores canciones de sus carreras (lo que es mucho decir). “Debajo del álbum blanco” (Flopa), “El almaherida” (Minimal) y “No más” (Manza), entre otras, son muestra de ello.

Para las almas sensibles (2005), Pez: Durante la década de los ceros la mejor banda de rock del país repasó distintas facetas en cada nuevo disco: pop rock en El sol detrás del sol (2002), perspicacias progresivas en Convivencia Sagrada (2000) y Folklore (2003), síntesis cancionera en Hoy (2006), coqueteos con un enfoque más metalero en Los orfebres (2007), retorno al punk y el hard rock en El Porvenir (2009). El disco que mejor expone esta agradable esquizofrenia sonora es doble y en vivo. Allí se encuentran el profesionalismo de una banda que suena como una locomotora, la devoción de un público fiel y lo más importante: una cantidad inmensa de grandes canciones (“Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar”, “Para las almas sensibles”, “Vientodestino en vidamar”, “Buda”), “salvadores, llevadoras de emoción”.

Tic Tac (2007), Francisco Bochatón: A excepción del tenor espeso de Hasta decir palabra (2000), los discos de este muchacho de La Plata (incluidos los estupendos ep’s reunidos en Completo) siempre garantizan un mínimo de buen gusto y bienestar musical. Ya sea por la madurez alcanzada como letrista o por la facilidad a la hora de hallar la melodía perfecta para pasar un otoño indie, ni el fan más fundamentalista de su omnipresente ex banda puede negar la superioridad artística del itinerario solista de Bochatón. Conformado por canciones mínimas, Tic Tac ofrece las dos perspectivas fundamentales del artista: el rockero, que remite inexcusablemente a su viejo costado “sónico” (“Elemento enigmático”, “Rayo al trueno”) y el de las canciones melanco-acústicas capaces de conmover (“Se irá con vos” o “Piensa en mí”). Larga vida al imprescindible “Bocha”.

Estaciones (2004), Rosario Bléfari: El caso de la marplatense se asemeja muchísimo al de Francisco Bochatón. Exponente primordial de un grupo de vanguardia durante los 90’ (Suárez), Bléfari ha evolucionado notablemente en sus discos solistas. Dueña de dos voces singulares (la que compone sus temas y la que los canta), suave al borde de lo naif pero con la versatilidad necesaria para volverse agresiva y rockear, esta verdadera artista integral (además de escritora y cantante es actriz y periodista) tiene la sana costumbre de editar un disco mejor que otro. O por lo menos lo bastante buenos para que sus oyentes se lo crean. De todos ellos (Calendario, Misterio Relámpago), Estaciones es probablemente el más perfecto. Pop rock refinado con la capacidad suficiente para esquivar las recetas probadas del género (a las que Miranda, Leo García y Emmanuel Horvilleur son tan afectos; verbigracia: la exaltación de la frivolidad como supuesto gesto subversivo). “Vidrieras”, “Estaciones”, “Exacto” son temas sencillamente hermosos que explotan su costado más dulce. ¿Qué más se puede pedir?

Pan (2006), Luis Alberto Spinetta: Luego de trabajos interesantes pero algo densos como Silver Sorgo (2001) o Para los árboles (2003), Luis Alberto Spinetta siguió con su actual tendencia musical (un sonido cercano al jazz y a un rock netamente anticomercial) aunque subiendo un tanto la intensidad. Un mañana también puede considerarse un punto alto, pero no tiene “Bolsodios”, un tema sublime, en el que el ex Almendra demuestra que aún hoy, con cuatro décadas de carrera, puede exprimir la mente de sus oyentes con frases como: “Todo las cosas que perdemos las tiene en un bolso Dios” o “Nadie se escribe el destino”. El resto del disco no desentona, destacándose la tonada algo telúrica de “La flor de Santo Tomé”, “Atado a tu frontera” (deja vú de Los Socios del Desierto) el poptimismo de “Dale luz al instante” y el clásico delirio spinetteano de “Espuma mística”.

Canciones que un hombre no debería cantar (2005), Gabo Ferro: La sorpresiva aparición de Gabo Ferro en el panorama del rock argentino (su tardío retorno luego de la aventura hard core de Porco) puede compararse al de esas escenas de cine norteamericano en las que una nave extraterrestre aterriza en medio de Nueva York. Cantautor de una sensibilidad desbordante (no apta para distraídos), poeta contundente, Gabo usa distintos géneros (la chacarera, la música de salón, el folk más campestre) para expresar un imaginario íntimo y muy personal, que puede contar desde historias con ribetes antológicos (“El amigo de mi padre”) hasta reflexiones marxistas sobre el uso del vocabulario aplicado al sexo (“El amor no se hace”). Al terminar de escuchar su primer álbum, sobrevuela una pregunta: “¿De qué planeta viniste?”.

El palacio de las flores (2006), Andrés Calamaro: Tras un periodo extenso de auto exilio, el Salmón volvió al ruedo con una serie de discos que lo catapultaron al centro del mainstrein argentino. De esta etapa, El palacio de las flores es su material más feliz. Hecho a dos manos con Litto Nebbia (a quien canoniza en vida al mismo tiempo que Páez, revalorizando aún más la obra del autor de Melopea) rescata, principalmente, material inédito de sus años de desborde prolífico. El resultado es óptimo y contiene algunos momentos supremos, que exceden la categoría rock e ingresan en un terreno cercano a la música popular. La milonga autobiográfica que le dá nombre al trabajo, el insólito toque disco de “La apuesta”, la sensatez (y el sentimiento) que transmite “Mi bandera” y la oda en forma de vals “Tengo una orquídea” merecen su reconocimiento. Un encuentro inesperado que rindió buenos frutos. O flores. Concluida la aventura, los compositores hicieron de todo, menos detenerse, claro.

Mágico Corazón Radiofónico (2008), Banda de Turistas: Con la segunda mitad de la década avanzada, el viejo truco de haber escuchado todo y no sonar como nadie tuvo su mejor representante en los adolescentes de Banda de Turistas. Una estética de avanzada, imaginación y riesgo para componer (chequear alucinaciones como “Un verdadero cajón de madera” o “Sueño O”), swing de los 00’, beat de los 60’, climas enrarecidos, arrogancia teeneger. Todo eso y más es Mágico Corazón Radiofónico. La cúspide de esta dinámica musical de lo impensado llega con “Todo mío el otoño”, una clase de pop de laboratorio que cuenta con el mejor estribillo de la década: “Yo creo que necesitás alguien que te aterrice el vuelo”. El retorno (su reciente segundo disco) los muestra en notable ascenso.

Un millón de euros (2006), El mató a un policía motorizado: El tercer disco de esta banda platense (cuando no), pionera en el virus OO’ de los nombres largos y raros, en realidad es un ep de 7 temas. Pero tranquilamente puede pasar por una obra de sustento. La concentración de potencia y el vínculo musical que une a los temas así lo indican. Ahora bien, el problema es discernir qué tipo de música hacen los El Mató. Digamos que por momentos se acercan al grunge, en otros al noise o al indie rock más ilustre pero nunca terminan asemejándose a algo con exactitud. Bien por ellos. Los estribillos se repiten como mantras sagrados y acaban por imantarse al inconsciente colectivo de sus escuchas. La nostalgia on the road que exuda “Chica rutera” y “Amigo piedra” ya son piezas originarias de la vertiente más atrayente y nueva del rock argentino.

La óptica espacial desde el corazón (2003), El robot bajo el agua: El proyecto de Nicolás Kramer suprimió la distorsión congénita de su ex grupo (Jaime sin Tierra, banda de sonido generacional de los niños ricos con tristeza del menemismo) y ganó en canciones amenas aptas para (casi) todo el público. Predominantemente acústico, el debut de este robot acuático (y sensiblero) se afianza en el vínculo estrecho que une el ingenio de las letras con las melodías que surgen a medida que avanza el continuo sonoro. El cuarto tema, “Te quiero”, justifica la elección del disco en esta lista (y casi cualquier otra). “Somos todos” y “Marta y Néstor” tampoco se quedan atrás.

Sistema nervioso central (2006), Estelares: Justo cuando comenzábamos a echar de menos la existencia de una banda con buenos estribillos, melodías pegadizas y espíritu rockero, resurgió Estelares. Primero con Ardimos (2003), un disco que ya los mostraba en buena forma y con ánimo de revancha luego de años de ostracismo. Sistema Nervioso Central es, directamente, un volcán de erupciones power pop, un “mundo de sensaciones” donde el amor perdido, el sexo y la tristeza se convierten en la mejor excusa para festejar. En el costado menos transitado del disco brillan las resonancias poéticas de “Campanas” y “El corazón sobre todo” (reversión de un viejo tema que contiene una línea memorable: “Me quedan pocas cosas/ Si las enumero son demasiadas pocas cosas”). Hits masivos como “Un día perfecto”, “Aire” o “Ella dijo” otorgaron a la banda un merecido reconocimiento comprobado luego con la edición de su siguiente disco (el también recomendable Una temporada en el amor).

Kill Gil (2007), Charly García: El disco maldito que dejó en nocaut cerebral a García y que (signo de los tiempos cibernéticos) finalmente nunca se editó, es lo mejor que el bicolor grabó en años. Especie de lado B deforme de Clics Modernos, Kill Gil refleja la búsqueda incesante de un genio en decadencia. ¿Qué buscaba? Nadie lo sabe. Entre el cinismo de “No importa”, la cumbre de la incorrección rockera de “Corazón de hormigón” (con Palito Ortega) y la pulsión romántica de “La rehén o la novia (King Kong)”, Kill Gil es un disco que destila una rara melancolía (“Y nadie es feliz”, repite hacia el final de “Los Fantasmas”, uno de esos hits instantáneos e inimputables al estilo “Chipi Chipi” o “El día que apagaron la luz”). Se destaca la nueva versión (otra) de “Telepáticamente” (probablemente su mejor tema en años) y el sorprendente rock and roll “Break it up”. La anarquía Say No More (etapa en la cual Charly se dedicó, con admirable minucia, a destruir su propia obra) tenía los días contados. Lo demás es historia reciente.

Jessico (2001), Babasónicos: Antes de convertirse en una máquina serial de hacer hits para quinceañeras excitadas, Babasónicos fue una banda inestable, de pop barroco y algo infranqueable. La edición de Jessico (en plena crisis económica) significó un espaldarazo monumental para la banda. Sus temas se volvieron tarareables (incluso una propaganda de Quilmes cerraba con un coro de gente cantando el estribillo de “Los calientes”, algo impensado un par de años atrás) aunque todavía no habían dejado los discursos herméticos y la preferencia por las temáticas más inadmisibles (la tapa del álbum y el video de “Rubí” así lo confirmaban). Como en toda su discografía, Dárgelos reflexiona ácidamente sobre el mundillo al que pertenece. “Soy rock” explicitaba los manejos turbios entre el poder y las bandas. “Camarín”, un tanto más sutil, probablemente el mejor tema del disco, proyectaba la pesadilla de toda estrella de rock: “Desperté con odio y resquemor/ la sombra de la frustración/ se cierne sobre mi cara/ resentido y agrio sin por qué/ fui recordando el drama que soñé/ soñé ser critico de rock”.

Otro día en el planeta tierra (2005), Intoxicados: Tal vez este disco sea más significativo que bueno. O no, quién lo sabe. Representa el encomiable esfuerzo de un músico proveniente de una escena basada en su apego a formulismos (el denominado “rock stone”) por desarrollar otros géneros musicales y expandir su creatividad. Fuera de algunos alegatos infantiles (“Señor kiosquero”, “Reggae para Mirta”), por lo pronto, hay buenas canciones: la emotiva “Nunca quise” (tal vez la mejor “canción de amor” de la década), el brillante dúo con Andrés Calamaro (“Fuego”) y “Una señal”, un funk angustiosamente existencial. Después Pity devino en mediático y fue cooptado por la Matrix. Qué pena.

Nota: el orden de los discos no tiene significado mayor que el del azar.

jueves 5 de noviembre de 2009

Al gran Jerome David, salud

¿Por qué el libro es tan famoso? Pero cómo no va a ser famosa la historia de un chico que pregunta dónde se van los patos cuando el lago se hiela. Cómo no va a ser famosa la historia de un chico que imagina un juego de salvación para todos los chicos del mundo. Cómo acaso no va a ser famosa la historia de un chico que llora ante la felicidad de una hermana girando en un carrousel. Termino: Cómo mierda no va a ser famosa una historia que empieza como se le antoja al personaje y termina cuando esperamos el resto - Hernán Galli
Desde que tengo conciencia lectora, este debe ser el año que menos leí. Como mucho (incluyendo libros de orden facultativo) habré leído quince. Y de ésos, sólo dos pueden considerarse parteaguas cerebrales: Lolita y La novela luminosa. Durante el verano arremetí con Nabokov (lo intercalé con Adiós a las armas) y al llegar marzo comencé con Levrero. Cuando terminé de leer la obra maestra del uruguayo, tuve un crack emocional de ribetes tragicómicos que me dejó medio groggy bastante tiempo. Y pasé por mi tercer o cuarto periodo “hikikomoris”. ¿Saben quiénes son los “hikikomoris”? Si no lo saben es porque nunca leyeron una entrevista a Vila Matas, que los nombra cada vuelo de mosca. Los “hikikomoris” son jóvenes japoneses que pasan horas encerrados en sus piezas mirando televisión a oscuras. En ese estado parasitario (en mi caso, afortunadamente obstaculizado porque tenía que hacer cosas), leer un libro es una empresa inalcanzable. Todo autor aburre ya que gracias a la acción del ego (el verdadero enemigo en esta cruzada) lo único que te interesa es tu historia personal. Muy bien, esa etapa quedó atrás pero las ganas de leer no volvieron rápidamente. Hasta hace unos días. Mi hermana se fue de viaje una semana y tuve que quedarme en su depto a cuidarle una mascota, un gato inteligentísimo y amarillo que pasa la mayor parte del tiempo escondido en un cajón o subido a una alacena contemplándolo todo desde las alturas como el cuervo de Poe (ahora que lo pienso él también es “hikikomoris”). Como tenía que leer mucho para la facultad, cargué mi mochila y metí adentro varios libros. Así estuve unos días hasta que me fui. Había amontonado los libros arriba de una mesa (ni siquiera los toqué) y, sin prestar atención, me llevé uno que estaba allí antes de mi estadía en la casa. Era El guardián entre el centeno. Esta edición me pertenecía, yo mismo se la había prestado a mi hermana hacía un par de meses. Me lo había comprado en abril o mayo, cuando todavía trabajaba en la librería (en plena crisis), pero, aunque de Salinger tenía las mejores referencias y el recuerdo intacto de sus maravillosos Nueve Cuentos, no había podido pasar las primeras páginas. No sólo por mi ineptitud coyuntural. La razón puede entreverse al leer las primeras líneas de la traducción al castellano:

“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso”

Yo tenía en mente una frase de Fabián Casas sobre por qué el escritor invisible fascinaba a sus lectores: “Sencillamente, porque a veces escribe muy bien”. Pero, ¿cómo saberlo si su versión en castellano parece hecha por Pepe Muleiro? (Mis respetos a Carmen Criado). En conclusión, abandoné antes de comenzar la carrera e hice algo que jamás imaginé: prestar un libro antes de leerlo. Algo más parecido a una herejía no se me ocurre, tal vez intentar seducir a la novia de un amigo o cambiar de equipo. Los días pasaron, transcurrió el crack, el periodo “hikikomoris”, la redención y finalmente me encuentro con que me había traído The Catcher in the Rye equivocado. A veces (no siempre, por suerte) sucede que uno no sabe lo mucho que ama a una persona hasta que la pierde. Lo mismo con los libros. ¿Quién no prestó un día Bestiario (por poner un ejemplo) y a la misma noche sintió que lo único que necesitaba era leer, una vez más, por que sí, “Las puertas del cielo”? Ok. Para despejar la mente, me preparé un fernet, tomé el famoso Catcher entre mis manos, con poco esfuerzo pasé el filtro de modismos repelentes y me sumergí en una historia que me rompió la cabeza. Qué hermoso. Cuánto hacía que no sentía esa sensación desbordante de tener que informar a propósito de nada, señoras y señoras, aunque sé que no les importa un pito, que acabo de leer un libro y me siento una mejor persona. Más inteligente o más perceptivo. O feliz. Por un momento creí que no volvería a apreciar la bella sensación de estar alcanzando un horizonte nuevo por concentrarme en un atado de hojas manchadas con tinta. Genuina epifanía de la vida cotidiana (quizás ininteligible) hallar nuevamente el placer en la lectura. Y todo gracias a un ermitaño del carajo que ni sospecha de la existencia de un flaco (uno más entre millones) que al otro lado del Planeta acaba de leer el itinerario existencial de Holden Caulfield, un adolescente trastornado que luego de ser expulsado, escapa antes de tiempo de su escuela (Pencey) y vive un par de días “sin timón y en el delirio” en New York hasta volver a su casa.

Es interesante advertir que todo lo que sabemos de El guardián entre el centeno antes de leerlo (el libro prohibido, el libro de los homicidas, el libro de iniciación adolescente por excelencia, el libro de las claves secretas y los enigmas) no dice nada sobre la que hay allí. Hay libros (se me ocurre Zama) a los que sólo es posible leerlos, exceden simplificaciones, hablar o escribir sobre ellos es una pérdida de tiempo porque nadie entenderá la verdad de la milanesa. Incluso es tan grande lo que escribe Salinger que uno puede pasar de largo la apestosa traducción (antigua, parece ser que hace unos años la misma Criado la actualizó no quiero saber con qué resultados) depositando la parte mayor del valor de la obra en las extraordinarias imágenes que proyecta el monólogo de Holden. Como sucede con los recuerdos más importantes, el imaginario que proyecta J.D. queda flotando en nuestro inconsciente y cada tanto activa un video clip cerebral de postales imborrables. Son imágenes constitutivas, que no existían antes de ser recavadas por la pluma de Salinger o que quizás estaban esperando en el éter a que una mente sensible las vuelque al papel. Lo que se percibe es algo parecido a un shock poético. (Parece que estoy explicando el efecto de una droga). Esta dinámica de escritura (utilizada por muchísimos narradores-poetas; los cuentos de Carver o el mismo Bolaño son buenos ejemplos) aparenta ser prosa pero, en su esencia, trafica poesía. La incertidumbre que generan los textos de Salinger se puede comparar con la frase del koan zen que elige como prefacio a Los nueve cuentos:

“Conocemos el sonido de la palmada
de dos manos, pero ¿cuál es el sonido
de la palmada de una sola mano?”

¿Y cómo podría siquiera sospecharlo?, es lo que habitualmente contesta uno, abrumado. Lo mismo sucede con esas observaciones heterodoxas que hace el inestable Holden (hoy lo llamarían bipolar) a medida que avanza su historia. Su obsesión porque Jane (de la que está enamorado) nunca mueve la última fila de las damas o su pregunta absurda a los taxistas: ¿adónde van los patos cuando llega el invierno?:

“¿Viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión, o se van ellos por su cuenta al sur, o qué hacen?”.

Todas estas digresiones (que en un principio pueden hacer llorar de la risa) poseen un trasfondo ontológico que se acrecienta a medida que avanza el libro hasta llegar a un nivel de dramatismo que sólo pudo haber sido pergeñado por una mente brillante (y atenta a los detalles más mínimos que hacen de una situación un punto de quiebre) como la de Salinger. Por ejemplo, cuando su hermanita Phoebe (un personaje diseñado a la perfección, soberbio) le ofrece todos sus ahorros mientras él llora. O cuando Holden, borracho, camina creyendo que morirá y habla con Allie, su hermano muerto. ¡O cuando Jane llora sobre el tablero de ajedrez y borra su lágrima con el dedo! O cuando el profesor Antolini (1) le acaricia la nuca mientras duerme. (La mayoría de las interacciones de Holden inquietan porque rebasan de tensión sexual, incluso con su hermana). O cuando explica que lo único que quiere ser es un guardián entre el centeno, el cazador oculto que impide que los niños caigan por el precipicio (¿de la madurez, de la condena que significa ser adulto?). Como diría Holden: ¡Jo! ¿Cómo procesar tal cantidad de datos? Son todas imágenes de una sensibilidad estremecedora y ajenas a cualquier golpe bajo, demasiado parecidas a la vida. Larga vida a Jerome David.

(1): Antolini es quien le dice a Holden la frase de señalador perteneciente a Wilhelm Stekel: “Lo que distingue a un hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella”.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Telenoche avergüenza

Todo niño sensible sabrá lo que hablamos: desde hace un tiempo, Telenoche no investiga, avergüenza. La disputa con el gobierno profundizó esta tendencia, de modo tal que hoy resulta difícil no pensar que el noticiero es producido desde las sombras por Chiche Gelblung (no por nada cara visible de Mitre y Canal 13). Informes de neto corte amarillista se funden con noticias superficiales e inocuas y un predominio visible de la crónica policial. La neutralidad brilla por su ausencia y cada suceso es representado a través del filtro de lo atroz, como si la “realidad” estuviese siendo narrada por un Ernesto Sábato pasado de revoluciones. Fuera de las notas de color, todo es tragedia o catástrofe. La diferencia con ejemplares tradicionalmente precarios del mismo género (el noticiero de América) ya es inexistente. Como si fuera poco, todo es acompañado por los pesados sermones y los gestos adustos de María Laura Santillán y Santo Biasatti, dos campeones de la solemnidad de cotillón que día a día se superan, como si compitieran entre sí por ver quién es mejor empleado de Ernestina. Ni Pepe Eliaschev (emocionado luego del coloquio de IDEA de Duhalde y Terragno) podría hacerlo mejor. Es por lo menos gracioso que la editorial televisiva de Clarín (con el manejo discrecional de la información desenmascarado luego del debate de la ley de medios) todavía crea representar algo así como el reservorio moral de la Argentina. El último eslabón de esta cadena de desatinos es un informe titulado “Una revolución al otro lado del río”, que cuenta, con la conmoción pertinente, que en Uruguay todo alumno posee una computadora. Más que a la admiración, el informe incita a infundir de envidia a los espectadores y apunta (cuándo no) a explicar cómo naufragamos en el mar farragoso del insólito kirchnerismo mientras nuestros países vecinos se ríen de Janeiro. No importa que narcotraficantes tiren abajo un helicóptero, se reprima y mate a individuos durante una protesta o la sociedad prefiera no juzgar a los representantes de la última dictadura militar, Brasil, Chile y Uruguay nos pasan el trapo absolutamente en todo. Eso (no se sabe muy bien por qué, tal vez porque el argentino medio aún se considera a sí mismo como una especie invalorable para la Humanidad) es inaudito y debe hacernos maldecir a Cristina 75 veces por segundo. Este discurso (propagado por luminarias del pensamiento argentino como Alfredo De Ángeli) que postula que el país no avanza por la decisión de una sola persona (K) y no por la ineptitud del conjunto que lo integra, puede ser apto para menores de 8 años, mas no para cualquiera que intenta analizar las cosas en contexto. El informe (verdaderamente imperdible) se erige como la contracara de la “asignación universal por niño” también calificada como “revolucionaria” por el canal estatal. Es decir: de un lado el progreso tecnológico vinculado a la educación, del otro, el asistencialismo clientelista que, encima, le roba los fondos a los pobres jubilados. Más allá de que la tenencia de una PC y el acceso a Wikipedia no soluciona el problema educativo de ningún país (aunque usted no lo crea, ése es el concepto que parece plantear la investigación), es en verdad penoso asistir al modo en que se utiliza a los niños uruguayos para tensionar las coordenadas de los conflictos locales, mostrando, por ejemplo, cómo uno grabó el parto de una vaca porque es parte de un pueblo tambero (no lo soñé). Pero Telenoche no se limita a confrontar la lámina de papel madera con el monitor, sino que (a través de un paralelismo entre una escuela rural de uno y otro “lado del río”) compara (en forma tan odiosa que es difícil no ceder al insulto) a un humilde alumno argentino con un “botija” que reflexiona sobre las pinturas de Vincent van Gogh que conoció gracias a las bondades cibernéticas. En fin… Por supuesto, el registro utilizado para exponer las buenas nuevas del país limítrofe se apoya en ese insoportable paternalismo argentino que considera a los orientales, más que hermanos, hijos medios bobos. Se destaca la creencia general de Uruguay como país apacible donde todos son como Jorge Drexler, cantan bajito y, a lo sumo, discuten acaloradamente… porque el mate está aguado (1). Cambio y fuera.

(1): Anacronismo comparable al de “Mar del Plata, ciudad feliz”.

martes 3 de noviembre de 2009

Also sprach un fanático de Spinetta

No esperen objetividad ni ideas claras ni originalidad ni nada en mi repaso arbitrario por los temas de Almendra, Pescado Rabioso e Invisible que no deberían faltar el próximo 4 de diciembre, día internacional de la prosperidad musical argentina.
Almendra:
Almendra (1969): Imposible hacer una selección adecuada: todos los temas son clásicos y ningún spinetteano podría descartar alguno sin sentir que está cometiendo un crimen de lesa humanidad. Incluyo en esta consideración también a los simples de la primera y segunda época (nada menos que “Hoy todo el hielo en la ciudad”, “El mundo entre las manos”, “Gabinetes espaciales”, “Hermano perro” y demás). Sin ánimo concluyente, atisbo que no pueden faltar “Color Humano” (legendaria zapada a cargo de Edelmiro Molinari que registra la frase apoteósica: “Somos seres humanos, sin saber lo que es hoy un ser humano), “A estos hombres tristes” y “Figuración” (balada deforme con supuestos coros de Pappo cantando: “Si vas a perder tu amor/ Alguien te ha dicho ya/ Aunque no eres real vas a perder tu amor”). No hay nada que decir sobre este álbum que no se haya dicho: es hermoso de principio a fin y está a la altura de lo que sonaba en Inglaterra y Estados Unidos en esos mismos años.

Almendra II (1970): Al ser un álbum doble con muchos temas (algunos de ellos absolutas locuras inspiradas en trips de LSD), la elección se hace un tanto más fácil. Con la sana excepción de Pez, en la actualidad estamos acostumbrados a que las bandas repitan un estilo musical hasta el infinito y todos los discos sean iguales. Sorprende advertir lo mucho que cambió Almendra de un año a otro (y Spinetta en relación con sus distintas bandas). Algo raro sucedía en esos años: uno escucha el primer disco de Manal y se convence de que “Porque hoy nací” fue grabado por un monje tibetano de 80 años, cuando en realidad es Javier Martínez a los 20. En fin, se trata de un disco complejo, con casi total ausencia de estribillos, con solos de guitarra (Edelmiro Molinari descolla) que obturan las estructuras rítmicas. Algo mucho más rockero y volado. En su línea de ruptura puede vincularse con Rock de la mujer perdida, Instituciones, Dynamo o Último bondi a Finisterre, discos en que los grupos pegan un volantazo desorientando a sus fans. El único hit reconocible es “Rutas argentinas”. “No tengo idea”, “Aire de amor” y “Mestizo” deberían ser tocados. No creo que se incluyan los tres dado que se celebra a Spinetta y no a Molinari, pero son joyas imperdibles del rock. Molinari es un emblema oculto del rock argentino y su banda histórica (Color Humano) debe ser una de las cosas más agradablemente raras que sonó en estos lugares del mundo. “Para ir” es la continuación de “Muchacha” y la supera largamente. Uno de los temas más conmovedores que escuché en mi vida, con una letra que dice, entre otras cosas: “Hay tanta gloria ya/ Que al final/ Nadie tiene un sueño sin laureles”. Spinetta dejó atrás esa vertiente pseudo-surrealista que lo condenaba a la propagación de metáforas adolescentes, maduró y puede considerarse un poeta, algo que también se atisba en “Los elefantes”. Se destacan “Parvas” y “Leves instrucciones”. Esta última encadena palabras que no se relacionan sintácticamente entre sí, fórmula que se repetirá en “Por”, uno de sus temas de culto. “En las cúpulas” o “Agnus dei” son de mi predilección pero me resulta imposible que las elijan: ¿cómo se tocan esas gemas deformes en vivo?

Pescado Rabioso:

Desatormentándonos (1972): Otro disco plagado de éxitos. En realidad, en el periodo sagrado de Spinetta (1969-1976) todos los discos rebasan de hitos insoslayables. De las influencias beatleras y acústicas que predominaban en Almendra, ahora el eje se centra en artistas de hard rock clásico con reminiscencias bluseras como Led Zeppelin o Jimi Hendrix. El resultado no puede ser mejor. Exceptuando “El jardinero (temprano amaneció)” y la simpleza (casi chabona) de “Me gusta ese tajo”, todos los temas son geniales, incluyendo “Serpiente (viaja por la sal)” que anticipa la contorsión sinfónica de Pescado 2. Elijo, entonces, “Algo flota en la laguna”, “Blues de Cris”, “Despiértate nena”, “Dulce 3 nocturno” (un tema acústico bellísimo que Spinetta canta con “Bocón” Frascino: “Deja tu miedo atrás/ Alguien te sonreirá/ Piensa: abre tu mente al sol/ Todo irá mejor”) y “Post Crucifixión” (el público entrará en trance con ese riff inicial y el misticismo del texto: “Abrázame, madre del dolor/ Nunca estuve tan solo en este mundo/ Abrázame, amanece y hay resignación”; una cumbre del rock pesado en la Argentina).

Pescado 2 (1973): He aquí uno de los discos más perfectos del rock argentino, que propaga un bienestar sonoro desde su espíritu de libertad, paz y amor. El ingreso de Lebón (en bajo) y Cutaia (en órgano y piano) amplifica el sonido y el estilo de la banda. Uno puede volar al espacio exterior si escucha este disco fumándose un porro y con auriculares. Lebón aporta “Hola dulce viento (Mañana o pasado)”, un temita folk verdaderamente celestial. Creo que es su primera composición (el mismo año editó su excelente primer disco solista que incluye “Dos edificios dorados”, “Hombre de mala sangre” y “Tema de Luis”). Si lo tocan seré feliz de aquí a diez años. El disco comienza con un delirio de sonidos onomatopéyicos (“Panadero ensoñado”) y sigue, como si nada con: “Iniciado del alba”, “Poseído del alba”, “Como el viento voy a ver” y “Viajero naciendo”. Chupate esa mandarina. Pero lo increíble es que hay trece canciones más, algunas de ellas de gran valor como la interminable “Peteribí” (Los Natas realizaron una versión años atrás). Hay dos joyas acústicas de neto corte spinetteano: “Credulidad” y “Mi espíritu se fue” (“Hay un perro que me ladra y está fuera desde aquí”: ¿está hablando del faso?). Cierra “Crisálida”, también conocida como “Aguas claras de Olimpo”, monumental suite con distintas partes melódicas que algunos consideran la cúspide de Spinetta.

Artaud (1973): No hay nada que decir sobre este disco que no se haya dicho, fuera de “Superchería” (nunca me gustó demasiado), Spinetta debería tocar cada uno de los temas y el público, en señal de agradecimiento, llorar durante dos años seguidos. Me inquieta pensar que Spinetta tocará “Cantata de puentes amarillos”. Si es una celebración de sus 40 años con la música no puede faltar, valga la redundancia, su tema más celebrado. ¿Qué pasará cuando practique esos primeros acordes? ¿Habrá Planeta Tierra después o explotará todo (como debería ocurrir)?

Invisible:

Invisible (1974): De este disco tampoco puedo decir nada medianamente inteligente porque me invade un entusiasmo enceguecedor. Es, a mi gusto, el mejor disco de la mejor banda de la historia del rock argentino. Invisible es la cumbre de lo spinetteano: letras que proyectan un efecto de extrañamiento, músicas heterodoxas (acordes raros, poliritmia) que sin embargo conllevan un sabor pop, instrumentistas de lujo (Machi y Pomo, recién salidos de Pappo’s Blues). Además, tiene los mejores simples: “Elementales leches” (mi canción favorita), “Lo que nos ocupa es esa abuela la conciencia que regula el mundo” (inclasificable), “La llave del mándala” (heavy), “Oso del sueño” (con su estribillo onírico que se repite cual mantra), la melancolía exquisita de “Viejos ratones del tiempo”. Creo que de estas primeras tres bandas, Invisible es la que más gusta a los jóvenes, tal vez por su sonido atemporal. Algunos de sus temas podrían haber sido compuestos por Radiohead, ¡pero los hizo Spinetta 30 años antes en el Bajo Belgrano o dónde sea que viviese! La influencia de Invisible se puede rastrear tanto en Cerati como en Divididos o Pez. No conozco a nadie que no guste de la música de Invisible. Fuera de “Irregular” deberían tocar todos los temas (algo que, obviamente, no van a hacer).

Durazno sangrando (1975): Este disco comienza con “Encadenado al ánima”, un tema de 15 minutos de duración que hilvana distintos pasajes melódicos con una letra de excepción. En total son cinco temas, uno mejor y más insólito que el otro. Brilla “Dios de la adolescencia”, un tema cortísimo (en su contexto) un tanto jazzero con una letra sublime:

Ella solo intenta ser feliz
Tropezando está
Nadan hoy sus ojos entre el rimel
Su mentira, ya se hundió
En la hiedra
Ves, en su abismo
Con sus enaguas quiere escapar
De la bruma
Tan apurada está
Que atropella el viento en la avenida
Hoy su inútil pétalo secó
Por su soledad
Y con las campanas se divierte
Pensando que son de aquí
La muerte
Ah, si pudiera
Si ella quisiera abrirse del ser
Y la nada
Tal vez podría ver
Que su Dios está en la adolescencia
Correrás al fin con frenesí
Por tu libertad
Pero ni bien una lagrima caiga
mil estrellas juzgaran que es en vano
Ya que Dios es un mundo
En el que amar es la eternidad
Que uno busca
Y no lo pienses mas
Que tu mueca esta tan despintada

“Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca”. ¿Ustedes leyeron lo mismo que yo? Say no more.

El jardín de los presentes (1976): Evidentemente este repaso por mis elegidos para el 4 de diciembre fue un fracaso por consecuencia de que me gustan todas las canciones. ¿Cómo elegir temas de un disco como El jardín de los presentes? Todos son buenos. Se supone que estarán “El anillo del capitán Beto”, “Que ves el cielo” y “Los libros de la buena memoria”, pero ¿cómo dejar afuera “Doscientos años”, “Niño condenado”, “Ruido de magia”? Por suerte, no tengo ese problema, simplemente lo disfrutaré moviendo mi cuerpo corvinamente en una lejana playa del animus. Perdón, en el campo del Estadio José Amalfitani.

viernes 30 de octubre de 2009

"En el futuro cualquier pipistrilo tendrá sus 15 minutos de fama"

Ya lo dijo Andy (de ahí mi semblanza art pop a través del adictivo warholize). Ayer, pocas horas antes de iniciar mi temporada 25 en el Planeta Tierra y durante 15 minutos, estuve conversando en Radio América sobre blogs, Litto Nebbia y Aldrey Iglesias (un saludo al querido gallego: ?). Acá están las pruebas. Gracias a Gerardo Fernández y la gente de la Bloguera Radial por la difusión. Cambio y fuera.

miércoles 28 de octubre de 2009

You tube la mejor flor


Fragmentos de una entrevista imperdible a Charly García realizada por Alfredo Rosso en 1983. Se puede escuchar en You Tube: Parte 1, Parte 2

-(Sobre el tema "No soy un extraño") El personaje se termina integrando. Primero dice "No voy a pescar dos peces con la misma red", como diciendo: no puedo usar el mismo parámetro para medir dos realidades distintas. Y después termina diciendo vamos a tomar un trago, vamos a transar con esto, soy nuevo no conozco mucho y estoy dispuesto a aceptar algo nuevo. Pensar que la alegría está en el descubrimiento y no en la repetición. Está en el cambio. Pienso que una cosa que nos falta a los argentinos es tener predisposición al cambio. Estamos acostumbrados a un cambio muy pequeño, que es el cambio de adaptarse a lo que la realidad nos dicta y no adaptarnos a lo que realmente sentimos. Entonces pienso que este tema trata de reflejar la onda de cuando te encontrás con tu primera novia, tenés el primer beso, el primer sacudón político, el primer lo que sea. Muchas de las cosas de la vida son una recreación de la primera vez que hiciste algo. Y lo que se captura en las canciones son instantes, lo que dice "No soy un extraño" es una cruzada de plaza.
-(Sobre "Bancate ese defecto") Lo que quiere decir el tema es que todos los argentinos tenemos un defecto, internacional ya es nuestro defecto. Y ese defecto además es creativo y nos puede abrir un montón de puertas, pero si lo seguimos escondiendo vamos a seguir siendo los mismos aldeanos de siempre. Entonces lo que dice el tema es nos bancamos un montón de tiempo en la oscuridad, evidentemente tenemos una marca en la cara de eso, mostremosla y con eso podremos ser hasta originales y hasta virtuosos, pero sabiendo reconocer nuestor defecto. No escondamos más nuestro defecto ante poses rígidas, poses rígidas que son nuestro defecto.
-Huellas en el mar, ¿alguna vez viste una huella en el mar? No, porque no existe, pero existe en un segundo de tiempo, muy chiquitito. Lo que quiere decir el tema es que todo pasa muy rápido. "¿Por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá?". Si acá es el lugar de nuestros sueños, el lugar de nuestras realizaciones (...) Agradar es un mal del camaleónico ser argentino. "Desconfío de tu instinto de supervivencia" porque el instinto de supervivencia en este país es falso, porque significa acomodarnos a régimenes extraños a nuestra condición de ser humano.
-Yo prefiero la realización de algo real que la mitificación de un sueño. Es como las modelos, ahora viene el "destape". Y vos ves en la televisión miles de modelos, con poca ropa, súper deseables, pero la gente no puede tener eso. Entonces es como la mitificación de la belleza, pero la belleza no es eso. Entonces el rock es la mitificación de los puros sentimiento del pobre hombre. Pero tampoco el rock es eso.
-Para mí el mundo tiene un final feliz o un final trágico. Yo pienso que va a tener un final feliz. Hay una nueva corriente de pensamiento en donde no se piensa que va a haber un apocalipsis, sino se piensa que va a haber una sola corriente universal que va a abarcar todos los países. Donde un país va a hacer la rueda del auto, otro la ventana, otro el farolito, otro la nafta, entonces ¿para qué bombardear a nuestro vecino si nos hace la puerta del auto? Yo pienso que se llega a eso o se llega a pensar: "Yo soy blanco y lindo y vos sos negro y feo", "Vos sos amarillo y yo soy rojo" y toda esa serie de divisiones estúpidas que dividen a la gente.
-En la Argentina a los 25 años tenés que casarte y tener diez hijos porque si no, no sos un ser humano. Pete Townshend decía en un reportaje "No creo a nadie que tenga menos de 30 años" y Truman Capote dice "No creo a nadie que no haya tomado una copa de whisky en su vida y no se haya emborrachado". Ok, son puntos de vista, tienen que ver, es un poco los condicionamientos que nos hacen volver muy serios y muy viejos muy jóvenes.
-Yo hice "Rasguña las piedras" que es The Wall. El concepto es el mismo, exactamente el mismo. "Rasguña las piedras", rasguña the wall. Hay un Wall, te lo hacés vos o te lo hacen los demás, pero siempre hay un wall, siempre hay una pared. Es para defenderse o es para signficar dónde está el poder y dónde estás vos. El futuro es gente mirando televisores y gente en la calle desesperada sin poder comer un pedazo de pan.

domingo 25 de octubre de 2009

Desconfíe de la vida

Desconfíe de las personas que son agredidas por sus propias mascotas.

De las personas que tienen más de dos blogs y no administran ninguno.

De las personas que se autodenominan divertidas.

De las personas que hacen alarde de su actividad: deportiva, sexual, sentimental, irracional.

De las personas que se autodenominan sanas.

De las personas que ante la pregunta “¿qué música te gusta”, contestan “toda la música”.

De las personas que se bajan canciones y no discos enteros.

De las personas a las que les da más pena un perro de la calle que un linyera tirado en el piso.

De las personas a las que no les gustan los Simpsons o los Beatles.

De las personas que utilizan diminutivos (en cualquiera de sus acepciones).

De las personas que llevan termo (al trabajo, a la facultad).

De las personas que asienten constantemente en clase.

De las personas que entran a los establecimientos sonriendo.

De las personas que se jactan de no llorar nunca.

De las personas que llaman por su nombre de pila a los personajes de la farándula (“Susana”, “Marcelo”, “Mario”).

De las personas que escriben poesías y se autodenominan “poetas”.

De las personas que usan como perfil (de msn, facebook, blog) una foto color sepia o blanco y negro, de costado, de arriba o de modo que no se llegue a ver el cien por ciento de la cara.

De las personas que dicen: “Y, si no fuera por Roca, la Patagonia sería de los chilenos”.

De las personas que inventan su propio apodo.

De las personas que escriben “holis” en vez de “hola”, “chauchis” en vez de “chau” y diferentes deformaciones idiomáticas de ese tipo.

De las personas que utilizan “:c”, etc. como medio de expresión.

De las personas que se autodenominan reventadas.

Desconfié directamente de las personas que se autodenominan.

De las personas que dicen que Charly García está mejor porque tiene una “pancita”.
De las personas que no son de derecha ni de izquierda.
De las personas a las que no les interesa la política.

De las personas que escupen al piso sin argumentos.

De las personas que abren los paquetes (de pañuelos, de alfajores, de preservativos) con los dientes (inclusive cuando se puede abrir perfectamente manifiestan: “Dejamelo a mí”).

De las personas que prenden la hornalla con encendedor y no con fósforos.

De las personas que no son peluqueros/as e igual se ofrecen a cortar el pelo.

De las personas que afirman pagar sus impuestos.

De las personas que cuando dicen “negro de mierda”, aclaran “negro de alma, eh”.

De las personas que no tienen provisión de papel higiénico en sus baños.

De las personas que bailan serias y mirando a un punto remoto.

De las personas que se quedan mirando las estatuas vivientes durante más de tres segundos.
De las personas que no bailan.

De las personas que tienen muchas monedas.

De las personas que nunca viajaron en colectivo.

De las personas que se trasladan en patines o monopatín.

De las personas a las que no les gusta la “música vieja”.

De las personas que afirman que todo el cine argentino es malo.

De las personas que se manchan los dedos cuando comen torta.

De las personas que se chorrean el helado.

De las personas que mezclan comidas secas (un churrasco, por ejemplo) con mojadas (ensaladas).

De la vida.

sábado 24 de octubre de 2009

Llamado a la solidaridad


Utilizo la imagen de la actriz de Perdidos en Tokio como engañoso señuelo para captar sus atenciones ya que, como dice el dicho, tira más el escote de Scarlett Johansson que una yunta de bueyes (aseveración vulgar y misógina de vertiente cosificadora que, por supuesto, no comparto: todos sabemos que lo realmente importante en las mujeres no son las tetas sino que tengan la decencia y el mínimo de buen gusto para no unirse a modas oprobiosas y terminar usando babuchas o flores en la cabeza). Muy bien, ¿en qué estábamos? Llamado a la solidaridad. Según nuestro amigo comentarista Carlos G., en repetidas ocasiones, durante los últimos días (junto con la ola de violencia que asota al país y nos obliga a temblar con frecuencia retorciéndonos en espasmos que el mismo Sandro de América desearía practicar), al querer abrir la ventana de comentarios del blog se le tildaba la máquina. Actualmente, al ingresar a la página le surge un cartel que dice lo siguiente:
Ha solicitado una página cifrada que contiene alguna información sin cifrar. La información que vea o introduzca en esta página podría ser leída fácilmente por terceras personas.
La pregunta que todos nos hacemos (y a continuación voy a poner la cara de Nelson Castro, ésa que pone torciendo el cuello y asemejándose a una tortuga, en especial a aquella tan tierna de Dysney que se sacaba el caparazón para refrescarse en un lago) es: ¿a alguno de ustedes (comentaristas del blog que no sean Carlos G.) les sucedió lo mismo?
Claro que aquí se hace presente una paradoja tan graciosa (y cabal representante del absurdo de la vida) que me río de ella de este modo:
Ja, ja, mu, ja, ja, ja, je, ja, ja, ja, je, ju, je, je, je.
Y finalmente acompaño con siete u ocho miradas reflexivas sobre el cauce de la humanidad al estilo Pepe Eliaschev:

Y ahora paso a explicar la paradoja: en caso de que a alguno de ustedes (por ejemplo Usted, Señor de gris o Usted, Señora con una flor en la cabeza, por favor no se enoje, le queda divina y sobre gustos no hay nada escrito dijo un fan de Catupecu Machu comiéndose los mocos) les ocurra tal desperfecto, no tendrían posibilidades de comunicarlo ya que: ¡se les tildaría la máquina! Esto me recuerda a un cuento de Leo Masliah en el que un tipo iba a una adivina y ésta le decía que lo veía retirándose insatisfecho del encuentro y volviendo nuevamente, de modo que el tipo se iba insatisfecho y con ganas de volver, cumpliéndose entonces (y para su malestar) el vaticinio de la adivina. ¿Estoy utilizando muchos paréntesis? Por supuesto, pero (exceptuando a la Señora de la flor, que se muestra enojada y al Señor de gris que, inexplicablemente, me hace señas obscenas) ¿quién podría acusarme por ello? Nadie. "¿Para pensar, no?"

Este podría ser el último post de este blog. En primer lugar porque el mismo (como TN) puede desaparecer debido a este importante operativo K de control de blogs. En segundo lugar porque desde mañana deberé cuidar a un gato suicida. Sí, como ustedes lo oyeron, queridos oyentes de Mitre, un potencial suicida como yo debe velar por la vida de un gato que ha iniciado un proceso de canibalización en resistencia al viaje de su dueña (inefable ser que responde al nombre de Momia). Lo más probable, claro está, es que terminemos los dos muertos. Muy bien, sólo era eso. Ahora, sin olvidarse de informarme sobre el funcionamiento del blog, pueden seguir con sus vidas. Por mi parte, voy a seguir drogándome en los marcos de la legalidad. Un abrazo a Zaffaroni. Muchas gracias. Sayonara.

PD: "Yo me hago el muerto para ver quién me llora, para ver quién me ha usado"- Charly García, "El amor espera".

PD 2: Además de este humilde servidor: ¿alguien más cree como yo que Rodolfo Braceli está loco de remate cuando, en las entrevistas, dice: "Ahí entró Charles Chaplin, ¿qué le decís?"? ¿Alguien conoce a Rodolfo Braceli? Conózcalo.

PD 3: Apuesto a que Palermo hace un gol con la fucking máscara (y pasa a ser recordado como "el gol de la máscara"). O capaz hace uno con el culo. O tal vez muere en el medio del partido, resucita y hace un gol.

PD 4: No quiero irme sin que lean este poema sobre las benditas horas previas a la salida del yo-yo.

La idea del norte- Fabián Casas

La ropa al costado, la pieza a oscuras

y la presión de nuestros muertos

implorando por un significado.

Benditas horas previas a la salida del Yo.

Cuando las palabras son postes

en una larga carretera,

nos ponemos de rodillas

en nuestra iglesia ortodoxa.

Benditas horas previas a la salida del Yo.

La yegua pasta, distraída,

y el pianista chasquea sus dedos

en el inmaculado camarín.

Benditas horas previas a la salida del Yo.

PD 5: Luego de este post, Martín Zariello fue internado de urgencia en una clínica de rehabilitación para enfermos mentales. Pasa sus días pintando óleos y escuchando a Magdalena Ruiz Guiñazú (con la que suele estar de acuerdo). A partir de ahora el blog queda a cargo de Lalo Landa, quien intentará imprimirle a la bitácora su particular punto de vista. Muchas gracias.

jueves 22 de octubre de 2009

Ola de violencia social, verbal, cultural, institucional, económica, estética y política crispa a la población argentina

Mezcle a gusto los siguientes hechos inconexos y obtenga un concreto y peligrosísimo “clima de crispación” u “oleada de violencia”:

-En diez días, cuatro robos en un country

El temor comienza a acrecentarse en la sociedad toda ya que, como sabemos, los barrios privados son el mejor indicador del bienestar social del país: las mujeres tiemblan, los hombres sólo salen a comprar rifles, los niños se esconden debajo de sus camas, etc.

-Maradona dice “que la chupen” y no contento con ello repite “que la siguen chupando”

Aquí la crisis toma ribetes internacionales: en Argentina no sólo hay robos, la gente también vive atemorizada por la violencia verbal (nunca antes escuchada) de su máximo emblema futbolístico, representante deportivo de la actitud de confrontación del Poder autoritario estanilista soviético nazi fascista tirano montonero piquetero.

-Gerardo Morales es escrachado en Jujuy

Al clima irrespirable, se agrega un hecho inédito en la historia de la política argentina: ¡un dirigente radical es abucheado por organizaciones sociales! Como si esto no fuera poco, la encargada de tal agresión es adicta y ladrona.

-El hijo de Pérsico traslada plantas de marihuana en autos del Ministerio de Desarrollo Social

La escalada de caos institucional se profundiza: no satisfecho con despenalizar el consumo de estupefacientes para tenencia personal, el Gobierno, a través del Ministerio de Desarrollo Social, utiliza sus transportes como delivery de cannabis.

-Negros de mierda matan y arrasan el país

No hace falta añadir comentarios, el desmán generalizado ya es rutina y tiene un solo color.

-Toman la Municipalidad de Mar del Plata

Sin avisar, de repente, a propósito de nada, como si Mar del Plata fuese la ciudad con mayor desempleo del país, una horda de piqueteros toma las instalaciones de la Municipalidad de Mar del Plata porque estaban aburridos después de ganar millones con los planes sociales y dedicarse a vivir de rentas.

-Un automóvil cae a un lago artificial de Nordelta y mueren cuatro jóvenes

Como se preveía: ante la ausencia de expectativas de un país social, institucional y culturalmente degradado, los jóvenes se emborrachan para luego suicidarse en lagos artificiales. Pero por suerte, el gobernador Scioli ha elaborado una idea magnífica para que esto no vuelva a suceder: que los boliches cierren a las 5: 30 de la mañana (?).
De un momento a otro se espera que el canal de aire (tenaz opositor a la ley mordaza de control de medios k) vuele por los aires.

-La presidenta quiere estar linda sí o sí

Siempre dispuesta a doblar la apuesta con el claro objetivo de trastornar al pueblo, la presidente lleva a cabo una revolución estética y planea una guerra contra Michelle Obama porque tiene mejores cremas.

lunes 19 de octubre de 2009

Ron Mueck

I had a dream about you, pero no eras la reina de un cuento de hadas, soñé que te morías.

Los sueños son así, traen, sin hacerse cargo, un arsenal de recuerdos difícil de tolerar a determinada hora de la noche. Hay que tener cuidado para que el shock no te deje repasando incesantemente un video-clip de imágenes y datos sensoriales editado por tu cerebro en exclusiva para vos.

Era tu hermana la que me llamaba y me informaba la noticia. Todo era demasiado real: su voz, mi reacción, el sentimiento, mezcla de angustia y de culpa, que me provocaba.

Pero lo que más me impresionó fue tu cara en el ataúd. Eras vos pero verde y con los rasgos avejentados, como la figura terrorífica de Ron Mueck que vimos juntos en una revista de arte cuando recién nos conocimos.

Eso pensé mientras te miraba (y no me decidía a sacarte un mechón de pelo que se introducía en tu ojo), hasta que caí en la cuenta de que le tenía mucho miedo a ese cuerpo ingrávido (tu boca torcida, el gesto inmutable; era terrible) y que todo debía ser indudablemente un sueño porque desde una realidad paralela me recordaba buscando figuras de Ron Mueck en una tarde lluviosa y reciente. Me veía en tercera persona: yo alumbrado por la luz del monitor desde la oscuridad de mi habitación.

(Había sido la misma tarde del sueño y evidentemente quedé un poco trastornado).

Ok, todo era un sueño, pero ¿cómo hacer para irme de allí? Era tu velatorio, no me podía escapar sin una buena excusa.

Quise explicárselo a las personas que tenía alrededor pero no entendían nada, no me dejaban hablar, sólo me abrazaban o me palmeaban la espalda y me decían tantas cosas hermosas sobre nuestro amor que me obligaban a aclararles que ya no estábamos juntos al momento de tu deceso, que todo había terminado tiempo atrás y que ni siquiera nos dirigíamos la palabra.

De pronto, una señora que dice ser tu madre pero que no tiene ni su rostro ni su voz, me presenta a quien era tu esposo "al momento de fallecer" (esto me hizo pensar que habías tenido muchos y que habían pasado años), un tipo enorme que sale desde atrás de unos arreglos florales (como si todo fuese una cámara sorpresa) y que de tan alto se da la nuca contra la pared.

"Ella me habló de ti", me dice, con un acento venezolano y metálico. No puedo creer, pienso yo, absurdamente, se casó con un caribeño.

"¿Sos Martín, no?". Si, contesto y sin saber qué decirle a ese tipo compungido, pregunto, por cortesía nomás, cómo es que se llama.

"Mueck", responde, "Ron Mueck".

Me desperté. Todavía no había amanecido y afuera seguía lloviendo. Los relámpagos iluminaban la cocina intermitentemente, así que no prendí la luz y me senté sobre la mesada, observando una taza de café con leche dar vueltas en el microoondas.

Días atrás estuve soñando con una chica. Nos conocemos (de nombre, de por ahí) pero nunca nos dijimos una sola palabra. En el sueño éramos novios (o esposos), vivíamos juntos, nunca nos peleábamos, hacíamos esgrima con unos trajes negros, teníamos los mismos gustos y una mascota (ni gato ni perro, era una muy bella, híbrido entre jerbo y zorrino, hecha especialmente para nosotros por Dios; esta es información que yo ya conocía una vez ingresado al sueño). Congeniábamos a la perfección. Tanto que pensé que la próxima vez que me la cruzara, debía detenerla, y, de buenas a primeras, proponerle casamiento. La sorpresa de la situación tal vez la indujera a decir que sí, aunque no creo que sea una persona que se deje inducir (por lo menos no era así en el sueño).

Si por esas casualidades de la vida llegás a leer esto, un día cualquiera, haceme sonar el celular (yo sé que nunca va a suceder pero no importa). No voy a atender, es para saber que estás viva y bien y que el velatorio sólo transcurrió en el lado oscuro de mi mente. Yo te llamaría, pero el día del no-va-más borré tu número. En cuatro años ni siquiera me aprendí de memoria el mío.

sábado 17 de octubre de 2009

(M)AMANDO A MARADONA (*)

Este post contiene escenas sexualmente explícitas

1- Se ha afirmado hasta el cansancio sobre el contenido misógino de los dichos de Maradona. En realidad sólo fueron groseros o, si se quiere, inadecuados. La misoginia, si existió, estuvo en la frase preliminar: “Con perdón de las damas”. Tal muestra de cortesía implica un dato a todas luces erróneo: que sólo los hombres somos/pedimos ser succionados. Me llama la atención que ninguna mujer haya salido a reivindicar su derecho a ser estimulada sexualmente con una buena “chupada” (en cualquiera de sus sentidos). El problema es que aún hoy (en esta sociedad de avanzada que hasta ha agregado la opción “no me gusta” en Facebook) se infiere que el sexo oral es: 1) Sólo efectuado por la mujer (y en contra de su voluntad) y 2) Sólo disfrutado por el hombre.

2- Desde la rama de la sociología berreta, se suele decir que Maradona sintetiza nuestras características esenciales como pueblo, nuestro ADN: la genialidad, la desmesura, la soberbia, la ternura, la irracionalidad, etc. Ahora también significa nuestro mayor anhelo como seres humanos: que nos las chupen. Y más todavía: que la sigan chupando.

3- Me pregunto hasta qué punto Maradona sabe si lo filman o no. Es un hombre al que, (por ahora) salvo sus necesidades fisiológicas, hemos observado hacer de todo. Intuyo que el riesgo de vivir con una cámara apuntando a tu cabeza (además de cierto desfase neuronal) es no saber distinguir el límite entre lo privado y lo público. De ahí la gama de actos que deberían pertenecer a la intimidad (llantos, desahogos, enojos) que Maradona realiza a la vista de todos. Salvo excepciones de renombre mundial (se me ocurre Michael Jackson, como un ejemplo de su generación) hay pocos sujetos en el Planeta que hayan vivido con la certeza de que todo lo que hacen, de algún modo u otro, se terminará conociendo. Todos tenemos nuestro lado oscuro de la luna, nuestro Mr. Hyde acechando en las tinieblas de nuestro ser, pero sólo Maradona expresa tan brutalmente esos dos polos de la personalidad, tan necesarios como irreconciliables.

4- Casi al mismo tiempo que las declaraciones de Maradona se inmiscuían hasta en la sopa, la viuda de un empleado bancario asesinado en un intento de asalto dijo: “Tengo 29 años, un hijo de 2 años y voy a tener una hija el martes, ¿qué te puedo decir?, nada. Sólo sé que doblamos en la esquina, se cruzaron tres o cuatro negros de mierda, que es todo lo que tenemos en este país, negros de mierda, y nos pegaron un tiro (…) Lo único que hacen acá es hablar de los derechos humanos, de toda esta mierda... destruyeron una familia, me destruyeron a mi”. No corresponde juzgar con severidad los dichos de alguien que ha perdido recientemente a un ser querido (de todos modos, quien manifiesta algo así, lo piensa desde antes que ocurra la tragedia), lo interesante es analizar qué hacen los medios de comunicación con estas declaraciones fascistas: ¿las condenan duramente, como al pedido de felación del DT (hablando de “vergüenza internacional” o transitando la obviedad más soez: “Maradona es Kirchner”), o las propagan minuto a minuto como paradigma de un sentir colectivo?

5- Nótese como los eslóganes maradonianos han declinado con el tiempo: de hallazgos idiomáticos como “La pelota no se mancha”, “Se le escapó la tortuga” o “Le toma la leche al gato” al ramplón “Que la sigan chupando”. El inconveniente tiene su origen en el momento en que Maradona comienza a hacer de Maradona. “La noche del 10”, el ridículo “Showbol” (del que sólo Almeyda puede volver), son todos intentos para que Maradona se perpetúe a través del tiempo. Exagera aspectos de su personalidad, grita en vez de hablar, busca cualquier suceso masivo para conectarse con el pueblo y cumplir el papel de representarlo (ya sea el voto no positivo de Cobos como la anti Cumbre de Chávez). Pero nada consigue abastecer la adrenalina requerida: ni la suya ni la de sus fans. Situado en esta encrucijada, quedan dos caminos (o tres, contando el suicido): aceptar que ya nunca se volverá a ser el que fue (vivir del recuerdo) o redoblar la apuesta (a todo o nada). Maradona, está claro, elige la segunda opción. Hace fuerza (llámese lobby) hasta que consigue obtener al puesto que soñó: la dirección técnica del Seleccionado Nacional. Una vez allí y luego de un breve romance con el público, se desencadena la debacle: parece que Maradona no sabe nada de fútbol. El mejor jugador de la historia no tiene puta idea. Recibe una goleada inédita, no encuentra una alineación titular, se pelea con el mejor jugador del fútbol argentino, no entrena, exige cambiar de Estadio, pierde con el clásico rival de local, hace cambios inexplicables. La prensa lo castiga ferozmente. Poco a poco, su esforzada calma (sobreactuada por momentos) comienza a resquebrajarse: “No me van a quebrar”, afirma, épico, luego de la derrota ante Paraguay. El agónico gol de Palermo lo encuentra chapoteando en el verde césped del Monumental. La postal es patética, pero como “la bola en la ingle”, funciona a muchos niveles. La sufrida clasificación a Sudáfrica lo encuentra, finalmente, en todo su esplendor: “Que la chupen y que la sigan chupando, viejo”. Hoy la frase está en todas las remeras. ¡Es Maradona, el viejo y querido Diego Armando rebelándose contra algo, no sé sabe muy bien qué (al día siguiente ya está ofreciendo notas a representantes de la misma basura que dice desdeñar), pero peor es nada, ¿no es cierto?! En las últimas horas, informan escandalizados los medios, que la FIFA piensa castigarlo, suspenderlo, maltratarlo. ¡Como tantas veces! Nada mejor que una pelea, nada mejor que el juicio de Joseph Blatter para volver a ser, definitivamente, Maradona.
(*): Con perdón de las damas.

miércoles 14 de octubre de 2009

¡A chuparla!

Demasiada camiseta/ Y cada vez menos gambeta…

La batalla de Montevideo resultó un fiasco. Luego de un par de jugadas que con mucho esfuerzo podemos considerar “de riesgo”, Uruguay (que teóricamente iba a combinar la cara de asesinos seriales de sus jugadores con “espadas en las manos”) se aburguesó a los 10 minutos. A partir de allí se firmó el pacto de no-agresión y comandada por Verón (de gran desempeño), la “celeste y blanca” cooptó (como diría Lilita) el medio uruguayo con absoluta eficiencia y se dedicó a conservar la pelota con una serie de pases cortos de caudalosa intrascendencia. La nula salida de la línea de fondo ayudó a esta monótona concentración del juego en el medio de la cancha. Como estrategia pragmática fue excelente, como idea de fútbol, una verdadera pesadilla. El arco rival brilló por su ausencia (no hubo una sola jugada de gol) y por momentos pareció que el equipo argentino creía que el objetivo final estaba en los laterales. En el segundo tiempo, no contento con tamaña postura defensiva (y aún con Chile venciendo a un inexplicablemente tibio Ecuador), Maradona (tal vez aconsejado por un oscuro ser encapuchado; fue vomitiva la prédica bilardista de Niembro y Closs) realizó dos cambios emblemáticos: Monzón por Di María y Bolatti por Higuaín. Cinco defensores (cuatro de ellos laterales), tres volantes y medio de marca y un perdidísimo Messi arriba. Faltó que ingresaran Carrizo y Andujar. Pocas veces vi un equipo tan reacio a hacer un gol. Pero como sucedió el sábado, el milagro llegó (la única forma de que este equipo “cometa” un gol; el verbo “hacer” indicaría que se lo busca): luego de un par de rebotes, el recién ingresado Bolatti la mandó adentro, desatando la furia de Maradona, que terminado el partido escenificó, una tras otra, una serie de imágenes maradonianas (valga la redundancia) de antología. Un abrazo con Bilardo entre lágrimas y puteadas. Una frase que repitió unas diez veces y pasará a la historia: “Que la sigan chupando”. Una conferencia de prensa con dedicatorias a Dalma y Giannina, rectificaciones semánticas sobre la palabra “proceso” y un merecido “fusilamiento mediático” a Totti Pasman (“la tenés adentro”, le espetó, diplomático). No sé cómo terminará todo esto, pero es muy divertido. Cuando empezó el ciclo (29/10/08), manifesté lo siguiente:

“…de la (in)flamante Selección de Diego Armando (…) sabemos exactamente qué podemos esperar: absolutamente todo. Desde ganar el Mundial de cabo a rabo con actuaciones superlativas a no clasificar a Sudáfrica”

Ya clasificamos, así que desde aquí aventuro, contrariando la realidad, que Argentina sale campeón. Por lo pronto, después de tantos devaneos, es complicado discernir qué jugadores llegarán al Mundial (se utilizaron muchísimos y algunos se esfumaron de las convocatorias de una fecha a otra), cuál es la idea de juego (Maradona reforma el “planteo” según el rival y el contexto), qué hace Bilardo exactamente y cuál es su relación con el DT y principalmente, hacia dónde va Maradona en su raid alocado de declaraciones desubicadas, furcios tácticos, contradicciones, enojos, chapoteos. En cuanto al rendimiento de los jugadores, tampoco hay muchas certezas. Quien debería ser la estrella del equipo, Messi, ha llegado a un nivel de desidia e ineptitud alarmantes. Claro que con un planteo bilardista ortodoxo (¿o apestoso?) como el de hoy, basado en la rusticidad, es imposible que deslumbre. Romero, Mascherano, Demichelis, Verón, Otamendi demostraron estar a la altura. El resto se movió por los cauces de la irregularidad o la nimiedad. La base no está y encima las confusiones existen en todos los niveles. Bueno, chupada de gol, perdón, abrazo de gol.

lunes 12 de octubre de 2009

What the fuck

¿WTF? ¿Perder con Independiente 3 a 1 porque nos perdonan la life? Chau, yo cierro el blog, loco, me voy de la Happy City a vivir a un Monasterio: en junio del 2010 River desciende. No se puede perder con Independiente, esto es algo impensable, como si:
-el Coyote atrapase al Correcaminos.
-Obama ganara el Premio Nobel de la Paz.
-Nelson Castro revelara sus fuentes.
-Divididos editara un disco.
-Mascherano tirara un taco adentro del área a los 44 minutos del segundo tiempo.
-el conductor de “Algo es algo” aprendiera a hablar.
-Natalia Oreiro recomendara a adolescentes tomar leche (?).
-Chávez fuera amigo de Courtney Love.
Si algunas de estas cosas sucedieron, algo grave está pasando. Ya lo dijo Leonard Cohen: “La ventisca del mundo ha cruzado el umbral y ha volcado el orden del alma”. Astrada, el otro Leonard, tiene menos respaldo que Cristina en Barrio Norte y más ganas de irse que de empezar. Su retorno me recuerda al de esas parejas que se vuelven a juntar para perdonarse o vengarse cuando todos sabemos lo que dijo el viejo ciego: ¡la única venganza y el único perdón es el olvido! Y que yo sepa nadie se olvidó de Astrada, es más, creo que se fue ayer y antes de hacerlo trajo una camada de bastardos sin gloria que nos arruinaron 5 campeonatos seguidos. Aclaremos los tantos: a Independiente River le ganó por goleada y jugando bien en la era Merlo (un oxímoron). ¡Le ganó en el campeonato pasado durante la larga noche gorositesca! Le ganó, inclusive, en el campeonato que salió último, rompiendo una racha de 300 sin ganar. Le llevamos 20 partidos en el historial. ¡No jodamos: Independiente es un club en el que juega de titular Mareque, en el que todavía le dan oportunidades a Pusineri! Por eso la derrota de hoy es inadmisible. Yo recomendaría, para preservar lo poco que queda de prestigio, cambiarle el nombre al club (bueno, “Bastardos sin gloria” no desentonaría) y competir en el Torneo, pero el de la Liga Marplatense. Por otro lado hay que decirlo: no existen chances científicas de que un equipo con alguien con el corte de pelo de Archubi pueda ganar (ni al Pac-Man). Ya con Archubi es imposible que un equipo gane, sumado su corte de pelo, es un cóctel mortal. El que me pone de buen humor es Almeyda. El tipo no lo puede creer, mira alrededor, recuerda que estuvo participando del proyecto de eternización de Maradona “Showbol” (cualquier similitud con la actual gira de un rockero latinoamericano es pura coincidencia) y ahora es el 5 titular de River y se caga de risa todo el tiempo. No importa si partió en tres a un rival, si la tiró a las nubes diez veces seguidas, él siempre es “El hombre que ríe”. Aunque en locura nadie supera al rompe-banderines Buonanotte. Como notaran, no hay mucho que agregar a lo que se suele decir siempre, sólo se trataba de una manifestación de aguda estupefacción. ¿Y Aguilar dónde está? ¿En las Bahamas con el Alcalde Diamante? No sé de qué sirve preguntar este tipo de cosas pero es algo que hacen los periodistas deportivos serios. Ahora sólo resta esperar por Uruguay-Argentina o “La batalla de Montevideo”, como la promocionan en T y C Sports, canal en el que acaban de advertir de golpe (oh casualidad de las casualidades) que la AFA organiza mal, Maradona no entrena y Messi no es el mejor de mundo. Sayonara.

sábado 10 de octubre de 2009

¡Cualquiera!

Cuando Perú empató y la cámara (perversa) enfocó a Maradona agarrándose la cabeza (si no estaba llorando estuvo cerca) pensé automáticamente en la frase Francis Scott Fitzgerald: “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”. Era el itinerario obvio para un tipo que había alcanzado la cima del mundo: del cielo despejado de México 86’ levantando la Copa al barro del Monumental en una noche tormentosa. Pero el optimismo goleador de Palermo pudo reformular la historia: “Enséñame un héroe y te escribiré una…épica”. Ya desde los innecesarios himnos del principio fogoneando los ánimos para convertir un partido en una batalla bélica (una versión ¡entera! del de Perú y el regodeo morboso con la voz amplificada de Mercedes Sosa), el clima comenzó a enrarecerse. La hinchada se dividía cantando por River Plate o por Palermo o insultando al DT. Mi player favorito, Pablo Aimar, jugaba un partido deplorable (soy más fanático de Aimar que del fútbol). Todo mal, sin embargo, Argentina merecía estar arriba más por ineptitud del rival (todos atrás y Dios de 9) que por virtudes propias. Paréntesis: ahora que está tan de moda cuestionar las transmisiones de Canal 7 (me incluyo) debo decir que la de T y C Sports fue muy mala: planos eternos en el rostro de Diegote que envidiaría Bergman (no el rabino facho, sino el director de cine), la pantalla compartiendo las imágenes con Venezuela-Paraguay (el partido que menos importaba de los que se jugaban), repeticiones y gráficos con las tablas de posiciones a destiempo. El segundo tiempo arrancó con el cambio de Palermo por Enzo Pérez (bastante errático) y un pelotazo en el travesaño que Romero (de gran partido) tocó antes. Acto seguido, Aimar se conectó con quien alguna vez supo ser e hizo un pase entre líneas para que Higuaín la cruce de la misma forma que en la primera etapa pero con más fuerza. Gol de Argentina. Pero si el pensamiento inmediato fue que con la apertura del marcador el equipo se iba a soltar, sucedió todo lo contrario, la esperanzadora sociedad Aimar-Messi nunca logró imponerse y Perú (de la mano de Juan Manuel Vargas) tomó vuelo futbolístico. Y mereció no sólo un penal que no le cobraban, sino el empate repetidas veces, algo impensado para un equipo que no jugaba por nada, pero perfectamente comprensible dado el paupérrimo nivel del seleccionado local. En el medio, Maradona hizo cambios desastrosos en la estructura del equipo (que le terminaron dando la razón en el último segundo) aportando un poco más de confusión al remolino de viento y lluvia. Messi se esforzaba en jugadas que no terminaban en nada, el medio deambulaba, Heinze la mandaba a las nubes, la defensa no otorgaba seguridad. Y llegó el instante más grave que recuerde el fútbol argentino (quizás se pueda hacer un paralelismo con el 5 a 0 de Colombia), el empate: porque estábamos (dijo el mosquito) casi afuera del Mundial después de mucho tiempo y, repito, quien manejaba los destinos del equipo era el máximo ídolo de la historia del fútbol argentino. Eso hacía el derrumbe mucho más hondo, era demasiado. Ya lo dijo el peruano Vallejo, ¿no?:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.
Golpes como quedarse afuera del Mundial; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé.

Bueno y si no dijo eso, fue algo muy parecido. La cuestión es que la mano venía pesada y todavía faltaba observar a los cuervos con micrófono deglutiendo el cadáver de Maradona. Los mismos que habían informado su asunción como DT sin ningún rigor (el emo de TN y el abominable Totti Pasman de América, por ejemplo), basando todo su análisis en la mística y el combustible espiritual del 10, (recién) ahora dudaban de sus condiciones y ventilaban intimidades con un dejó burlón. Pero el infierno puede esperar: Insúa se vistió de Passarella y luego de un buscapié mortal que debe haber paralizado el corazón del ser más anti-futbolístico del Planeta, apareció el botín de Palermo (en off-side), un tipo de una suerte notable y una obstinación por los momentos extraordinarios que lo terminan convirtiendo en una figura aprovechada por los medios como ejemplo de la voluntad y no sé qué más. Como dicen los ex futbolistas que comentan y no saben qué carajo decir: “Esto es fútbol”. ¡Pero lo mejor todavía estaba por venir!: Maradona, totalmente sacado, sublimando su emoción tirándose al piso de pecho (y en varias ocasiones) para que las cámaras lo enfoquen. Si algo faltaba para demostrar que está a años luz de ser algo parecido a un entrenador fue ese festejo genial y alejado de cualquier seriedad. ¡Cualquiera: Maradona chapoteando en el piso, Palermo en la Selección! Fue un final glorioso que no tuvo nada que ver con el funcionamiento de un equipo que parece perdido y no ofrece garantías de recuperación. Habrá más novedades para este boletín. Abrazo de gol.

viernes 9 de octubre de 2009

El retorno, Banda de turistas (y el rock argentino en los años cero)

No sé si me sucederá sólo a mí, pero me parece que antes de ayer era el 2005. Sin embargo, falta poco para que comiencen los radiantes años 10’ (nota para un hipotético lector del 2084: usted también pasará de moda). Ahora bien, cuando suenen las doce campanadas del 31 de diciembre y la innombrable década de los ceros se termine de consumir entre tíos que se pelean por abrir la sidra y cañitas voladoras, en las mentes de los seres más inquietos sobrevolará una pregunta de ineludible profundidad: ¿qué pasó en el rock argentino en los últimos 10 años? Además de homenajes, conciertos en la Casa Rosada, Charly tirándose del noveno piso, bromas pesadas como Miranda, Cristina cantando con Árbol (otra broma pesada), versiones, Charly lobotomizado y estruendosos regresos, ¿hubo alguna banda, alguna canción que valiera la pena? Si la respuesta es afirmativa, la dirección de nuestros oídos deberá posarse indefectiblemente en un grupo de teens con pinta de colegio privado. Imaginen que los Jonas Brothers además de ser lindos, hubiesen pasado la infancia escuchando a Love y Television. La música de Banda de Turistas significa una propuesta heterodoxa: niños con un equipaje sónico lo bastante abundante como para llevar a cabo el viejo truco de mezclar todo y sonar como nadie. La crítica de rock (esa máquina de buscar filiaciones insospechadas) se concentra en elucubrar un híbrido entre Los Gatos y Babasónicos, pero estos muchachos que se atreven a escandalizar(me) diciendo que no tienen ideología no remiten a algo en especial. Sí, de acuerdo, se oyen ecos de la banda de Dárgelos, el beat de los años 60’, el murmullo psicodélico de algún trip en ácido, la voces adolescentes del primer rock nacional, pero nada los coloca en un paradigma claro. En lo que casi todos estamos de acuerdo es en tres cosas:
1-se visten muy bien;
2-poseen un swing sensacional;
3-y (lo más importante) hacen unas canciones fabulosas, que a poco de oírse se convierten en chicles pegados a nuestro inconsciente colectivo (quiera esto último decir o no algo).
Mágico corazón radiofónico fue una sofisticada muestra de arrojo y creatividad que puso en ridículo no sólo al anquilosado espectro del rock barrial (*), sino al del pop vernáculo, que (con la posible excepción de gente seria como Adicta) se regocija en una actitud frívola de aparente procacidad que además de no asustar a nadie, aburre más que Pergolini y Pettinato juntos. Desde los laboratorios de Abbey Road, Banda de Turistas acaba de editar un nuevo álbum: El Retorno. Pero mientras Charly, los Cadillacs, Calamaro, Viejas Locas, el Indio y Soda volvieron del pasado, los efebos de Barrio Norte, como Marty McFly, retornan del futuro, de otro modo no se puede entender la amplitud estilística de estas pulidas piezas pop aptas tanto para mover el pie en la pista de baile como para dejarse llevar en un viaje urbano acompañado por un reproductor de mp3. Desde el corte con destino de hit de culto “Lo comandas” pasando por las armonías vocales de “El rogadero” y la temática de película clase B en “La traición de Helena”, El Retorno encuentra a Banda de Turistas en notable ascenso, capaz de retomar el espíritu sixty sin la necesidad obvia de escudarse en una supuesta estética kitsch. Mientras el mainstreim nos regala otro disco de interpretaciones de Fabiana Cantilo (uf), junto a otras agrupaciones de nombres extravagantes como El robot bajo el agua y Él mató a un policía motorizado, Banda de Turistas logra incomodar nuestras fuentes de recepción auditiva, acostumbradas a la demagogia de las fórmulas probadas. Estos nombres, sumados a los aportes de los vigentes guerreros del under Ariel Minimal (en sus diferentes proyectos), Rosario Bléfari (hace un disco mejor que el otro) y Francisco Bochatón (que ya superó largamente el nivel de Los peligrosos gorriones) son lo mejor de una década demasiada afecta a las monótonos cauces del reggae, el sacrificio, el rock and roll y un pop que le debe más a Las Primas que a Federico Moura (**).

(*): Tampoco es muy difícil ponerlo en ridículo.
(**): Próximamente (es decir, antes de que se acabe el año) arremeteré con los mejores diez discos de la década.